Almudena


Hace ya algunos años, cuando empecé a viajar sin el amparo de mis padres tanto por España como por algunas ciudades de Europa, me sentía muy orgulloso cuando volvía a casa y en mi cámara traía mil (sin exagerar) fotos de los sitios que había visitado. Pensaba que de ese modo demostraba que me gustaba muchísimo la fotografía y había sabido captar la esencia de la ciudad. Cuando me sentaba frente al ordenador y veía el resultado siempre sentía lo mismo: indiferencia. Fotos repetidas, edificios, edificios y más edificios, posados forzados delante del monumento de turno, etc. Son fotos que al final no terminan diciendo nada, y mucho menos reflejando  una realidad. 

Lo que se me viene a la mente cuando pienso en fotografía, es la llamada street photography. La foto de estudio puede ser muy artística y el que es un verdadero amante de la fotografía sabe apreciarla, pero bajo mi punto de vista muestra una realidad más abstracta que la fotografía de calle. Mi padre siempre me dice que para hacer una fotografía de un edificio famoso, mejor me compre una postal (mentalidad digital de que una foto cuesta dinero), que en las fotos de los viajes deben aparecer personas, es decir, los participantes del viaje. Mi idea es darle una vuelta más a esa interpretación de la fotografía y llevarla más allá, no fotografiando a la gente con la que hago el viaje, sino a la gente en su vida cotidiana. La gente que es capaz de representar la esencia de una ciudad, cómo se mueve, qué siente, cómo responde ante los acontecimientos, en definitiva, realizar un mapa visual de cómo es la ciudad. 

Siempre he soñado con hacer algo así, involucrarme con una fotografía más personal, que cuente una historia, que tenga algún tipo de trascendencia. Hasta el día 9 de noviembre de 2015, día en que fueron tomadas estas fotografías que hoy muestro en París era una Fiesta, no había sido capaz de llevarlo a cabo. No quiero decir que las fotos sean buenas, ni siquiera que deban levantar ningún tipo de sentimiento, simplemente lo hicieron conmigo. Me hicieron emocionarme al ver que iba a fotografiar justo lo que yo siempre había tenido en mi mente. 

En estas fotos hay realidad. Muestro otra visión de Madrid. Además con un simbolismo tremendo, ya que coinciden con el día de la Almudena, patrona de la ciudad, y que a pesar de que yo no profeso ningún tipo de fe por ella, tal vez me inspirara para este trabajo. Amo esta ciudad con una devoción "religiosa" y nunca se podrá reflejar con una fotografía todo lo que representa para mi, pero a pesar de ello, me siento muy orgulloso de haber podido captar parte de su esencia. Como dije al principio de la entrada, he hecho miles y miles de fotos a lo largo de mi vida, pues bien, considero que la que hoy abre esta entrada es la mejor que ha salido de mi cerebro, mi ojo y mi dedo. Madrid en estado puro.

Simplemente espero haber respetado a esta magnífica ciudad y a su maravillosa gente.













AB

Fotos: @pariseraunafiestaab (IG)

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